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Opinión | Iritzia
Reflejo del vivir diario
Javier Armentia
No puedo decir nada nuevo ni nada que no se haya dicho una y mil veces. Por más que una y otra vez haya que volver a decirlo. Son cosas de la tozudez humana, y lo difícil que se nos hace, a nosotros que nos decimos animales racionales, pensar y actuar con racionalidad en las cosas que nos tocan de cerca los sentimientos más viscerales. Sea pues.
La lengua es vehículo de comunicación, no puede ser otra cosa. Hay hablantes y hay formas en que estos se comunican. Medios y mensajes. Limitar el derecho a elegir cómo hablar, cómo comunicarnos, es limitar el derecho a la libertad más íntima de cada uno. Pero además la lengua es lengua común, patrimonio de los hablantes, parte de su historia e incluso de su cosmovisión: acostumbrados a interrogarse sobre ellos mismos y sobre el mundo en el que viven, cada lengua no sólo es el medio, sino que se ha configurado en reflejo y a la vez filtro de ese vivir diario. En culturas donde la propiedad es común, la lengua tiene menos posesivos. Allí donde la naturaleza es rica y generosa, el habla llega a perder la necesidad de enumerar.
Aquí, olvidando lo que somos y a lo que tenemos derecho, algunos han convertido ese medio, esa parte de nuestra historia, en arma arrojadiza, en mecanismo de opresión, en mordaza incluso. Una vergüenza. Pero sobre todo un robo a las generaciones que vienen detrás. ¿Cómo podrán comprender este mundo en el que vivimos sin participar de esa forma de mirarlo y hablarlo?
Javier Armentia
Director del Planetario de Pamplona